El caos que sufre la humanidad es el simple reflejo de su desarmonía interna.

Decimos que el ser humano aunque no quiera, actúa en contra de lo que siente, siente en contra de lo que piensa, y piensa en contra de lo que actúa. Así, vive sin armonía interna y obra con violencia.

Entonces, decimos que esencialmente el ser humano no sabe lo que está haciendo. En realidad está durmiendo profundamente y su ilusión mayor es creer que está despierto.

Queremos compartir entre todos los pueblos la cultura del Despertar, de la No-Violencia y de la Hermandad: “que jamás se responda a la violencia con violencia”.

Destacamos las condiciones para la liberación humana: No-violencia religiosa, no-violencia racial, no-violencia física, no-violencia económica y no-violencia de género.

Si queremos entonces construir una nueva humanidad es necesario que el ser humano ocupe el valor central, es decir: Nada por encima del ser humano y ningún ser humano por debajo de otro, ya que no habrá progreso si no es de todos y para todos. Aspiramos a un mundo de múltiples expresiones en donde las culturas integren una Nación Humana Universal convergiendo en la diversidad.

Hoy la riqueza generada por todos los seres humanos está concentrada en unos pocos. Pretendemos que se distribuya a fin de que cada persona reciba según sus necesidades, garantizando igualdad de oportunidades para todos.

Que la espiritualidad y la trascendencia se busquen en el fondo dormido de uno mismo. En aquel fondo lleno de fuerzas desconocidas y de poderes inmensos. Que nuestros propósitos sean: despertar cada día armonizando el pensamiento, el sentimiento y la acción, “tratando a los demás del modo en que queremos ser tratados”.

Liberémonos de la venganza, preparando el camino de la Nueva Humanidad.

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