¿Qué tienen en común? ¿Un refugiado que implora por la paz y un oprimido que lucha por su libertad. Un trabajador que reclama su salario, y un marginado que clama por sus derechos. Un ciudadano que exige democracia real, y otro que alerta sobre el desastre ecológico. O simplemente un soñador que quiere cambiar el mundo de las cosas, y otro que quiere cambiar la cultura?

Tal vez tienen en común la opción de luchar cada cual por su derecho. Tal vez tienen en común su debilidad frente a los enormes poderes que manejan al mundo. O quizás tengan en común la sospecha de que esos simples derechos hoy parecen utopías.

Pues entonces algo más tendremos en común: una utopía, razón suficiente para converger. Porque cuando una causa digna nos convoque, su brillo opacará las diferencias e iluminará lo que nos une y lo que nos une nos hará más fuertes.

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